Hay algo que veo una y otra vez en consulta…
y que, en algún momento, también tuve que mirar en mí.
Personas que llegan diciendo:
“no entiendo por qué siempre elijo el mismo tipo de hombre…”
“todo empieza bien… y termina igual”
“no sé por qué vuelvo a relaciones que me duelen”
Y la sensación es siempre la misma: confusión.
Porque no es la misma persona.
Pero la historia… sí.
Cambia el rostro, cambia el contexto…
pero el final se repite.
Y ahí es donde aparece algo clave:
no estás repitiendo personas,
estás repitiendo una forma de amar.
Una forma que no empezó en esa relación.
Empezó mucho antes.
Aprendiste qué es el amor mirando a mamá, a papá,
lo que hubo entre ellos… y lo que faltó.
Aprendiste si el amor duele,
si hay que aguantar,
si hay que esforzarse para que te elijan,
si hay que dar más de lo que recibes.
Y eso no lo aprendiste con palabras.
Lo aprendiste sintiéndolo.
Por eso, cuando eliges, no eliges desde cero.
Eliges desde lo conocido… aunque duela.
Intentas cambiar,
pero si eliges desde el mismo lugar,
la historia vuelve.
No es mala suerte.
No es que “todos sean iguales”.
Es que hay algo en ti que aún no cambió.
Y no se trata de culparte.
Se trata de ver.
Ver desde dónde estás amando.
Y si ese lugar realmente te hace bien.
Porque cuando eso se hace consciente,
algo se mueve.
Y cuando se mueve…
empiezas a elegir distinto.
En mi experiencia, este tipo de patrones no se resuelven solo entendiendo lo que pasa.
Necesitan ser trabajados en profundidad, ordenando la historia y el lugar desde donde estás vinculándote.
En Samadhi Salud acompaño estos procesos de manera integral, trabajando no solo lo que te ocurre hoy, sino lo que lo sostiene.
Si sientes que estás repitiendo relaciones que no logras cambiar,
este puede ser el momento de empezar a trabajarlo de verdad.
